Cargando cotizaciones…
Opinión

El dólar no baja solo

miércoles, 29 de julio de 2026

El dólar no baja solo

Orlando Saucedo Vaca es Máster en Economía & Finanzas, UCB/UNIR

La otra noche estaba en un junte con unos amigos, todos fraternos, cuando uno me lanzó una pregunta que hoy se escucha en mercados, oficinas, restaurantes y reuniones familiares:

—Oye, Orlando, vos que sos economista… ¿qué está pasando con el dólar? ¿Cuándo va a bajar?

Le respondí que el dólar podría estabilizarse cuando ingresaran más divisas por las exportaciones y comenzaran a ordenarse los fundamentos de la economía.

No estaba equivocado. Pero, volviendo a casa, sentí que me había quedado corto.

Porque detrás de esa pregunta no existe solamente curiosidad económica. Hay preocupación. Está el comerciante que no sabe a qué precio repondrá su mercadería, el empresario que compra materia prima importada, la familia que necesita medicamentos y el padre que está calculando cuánto le costará que su hijo estudie fuera del país.

Todos quieren una fecha.

Y aquí viene la parte incómoda: nadie serio puede decir con precisión qué día bajará el dólar. Puede ocurrir que disminuya, que se estabilice durante un tiempo o que vuelva a subir. Lo responsable no es adivinar una cifra, sino explicar qué tendría que cambiar para que deje de presionar nuestros bolsillos.

Como todos saben, Bolivia ya no vive bajo el antiguo tipo de cambio fijo de Bs 6,86 para la compra y Bs 6,96 para la venta. Desde fines de junio ingresó formalmente a un régimen de flexibilización cambiaria. El Banco Central calcula ahora el tipo de cambio oficial cada día, utilizando el promedio ponderado de las operaciones de compra de dólares realizadas por los bancos con sus clientes. A ese valor se le pueden sumar hasta diez centavos para establecer la venta referencial.

Para este 29 de julio, el tipo de cambio oficial llegó a Bs 11,80 por dólar. Eso significa que la referencia máxima de venta bancaria se sitúa en Bs 11,90. No es un movimiento pequeño. Es la confirmación de que el precio oficial comenzó a reconocer una escasez que durante mucho tiempo ya se sentía en la calle.

¿Por qué subió tanto?

Porque durante años fueron saliendo más dólares de los que entraban de manera líquida y permanente. Bolivia redujo sus ingresos por la exportación de gas, continuó necesitando divisas para importar combustibles, medicamentos, maquinaria, repuestos e insumos, y además tuvo que atender pagos de deuda y otras obligaciones externas.

A eso se sumó algo difícil de medir, pero muy poderoso: el miedo.

Cuando una persona cree que mañana el dólar estará más caro, intenta comprarlo hoy. El empresario adelanta importaciones. El ahorrista protege lo que tiene. El comerciante eleva su precio pensando en la próxima reposición. Así, la expectativa termina alimentando aquello que se temía.

Por eso, aumentar las exportaciones es necesario, pero no suficiente.

Bolivia cerró 2025 con un superávit comercial de $us 334 millones. Entre enero y mayo de 2026, el saldo comercial informado alcanzó aproximadamente $us 1.393 millones. Es una buena noticia, sin duda. Sin embargo, un superávit registrado en las estadísticas no significa que todos esos dólares ingresen inmediatamente a las ventanillas de los bancos. Parte se utiliza para pagar importaciones, deudas, servicios y compromisos externos; otra parte puede permanecer fuera del circuito financiero nacional.

Aquí importa una diferencia que parece técnica, pero es bastante sencilla: no es lo mismo tener patrimonio que tener efectivo disponible.

Al cierre de junio, las Reservas Internacionales Netas llegaron a $us 3.617,3 millones. El dato parece importante, aunque solamente $us 666,1 millones correspondían directamente a divisas, mientras que $us 2.882,9 millones estaban en oro. Cerca del 81% de las reservas internacionales continuaba concentrado en ese metal.

El oro es riqueza, claro que sí. Pero no siempre funciona como dinero disponible de inmediato para pagar importaciones, atender obligaciones o intervenir en el mercado cambiario. Es como tener una casa valiosa y, al mismo tiempo, poco efectivo en la billetera. Uno posee patrimonio, aunque puede seguir enfrentando problemas de liquidez.

También existen señales favorables. La inflación anual bajó del 20,40% registrado en diciembre de 2025 al 9,23% en junio de 2026. La desaceleración ayuda porque una economía con precios más estables reduce, poco a poco, la necesidad de buscar refugio en el dólar. Pero todavía debemos observar cuánto del nuevo tipo de cambio se trasladará a los productos importados y al costo de vida.

El financiamiento externo podría traer alivio. El Gobierno informó que se encuentra negociando con el Fondo Monetario Internacional un acuerdo de entre $us 2.500 millones y $us 2.800 millones, y que más de la mitad de esos recursos podría llegar a comienzos de septiembre para fortalecer las reservas. La posibilidad es relevante, aunque todavía debemos distinguir entre un anuncio y un desembolso efectivo. Hasta que el dinero no ingrese, sigue siendo una expectativa.

Y aun cuando llegue, un préstamo no resolverá todo.

Puede comprar tiempo. Puede aumentar la oferta de dólares y calmar el mercado. Puede ayudar a recuperar confianza. Pero si el país continúa gastando sistemáticamente más de lo que genera, si las exportaciones no crecen de manera sostenida y si la incertidumbre política provoca bloqueos o paraliza la producción, el problema reaparecerá.

Entonces, ¿cuándo bajará el dólar?

Bajará o comenzará a estabilizarse cuando ocurran varias cosas al mismo tiempo: que entren dólares reales y líquidos; que las cuentas fiscales muestren un rumbo creíble; que el Banco Central logre fortalecer sus reservas en divisas; que exportemos más y con mayor valor agregado; y que las familias y las empresas recuperen la confianza suficiente para dejar de comprar dólares por temor.

No necesariamente volverá a Bs 6,96. De hecho, obsesionarnos con regresar artificialmente a ese precio puede llevarnos a repetir el mismo problema. La verdadera estabilidad no consiste en imponer un número bonito, sino en lograr un precio que la economía pueda sostener sin escasez, mercados paralelos ni sobresaltos diarios.

Si aquel amigo volviera a preguntarme hoy, le respondería de otra manera:

—El dólar puede bajar, pero no bajará solo porque lleguen algunos ingresos de exportación o porque alguien anuncie una meta. Bajará cuando el país produzca más dólares de los que necesita, ordene sus cuentas y recupere la confianza.

Porque, al final, el dólar no solamente mide la cantidad de divisas que tenemos.

También mide cuánto creemos en el rumbo que estamos siguiendo.